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María Jesús Rodríguez o el vuelo interior del color en la Sala Picasso de Colmenar Viejo

La artista madrileña expone una veintena de obras marcadas por la introspección, la emoción y la libertad del gesto

BT.– El color, en las manos de María Jesús Rodríguez, no se limita a describir formas: vuela, se expande, respira. Así lo demuestra la exposición que la artista presenta estos días en la Sala Picasso del Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso de Colmenar Viejo, una colección de más de veinte obras que invitan al espectador a adentrarse en un territorio de intuiciones, energía y emoción pura.

Pintar desde dentro

“Yo pinto desde dentro”, explica la autora en conversación exclusiva con Colmenar al Día. “Para mí la pintura no es una representación del mundo exterior, sino un momento de conciencia plena, un acto en el que se refleja lo más profundo de mi interior”.

Rodríguez, nacida en Reutlingen (Alemania) y residente en Madrid, se define como artista consciente, autodidacta y versátil. Licenciada en Filología Francesa y profesora de profesión, confiesa que la pintura la ha acompañado siempre, aunque su dedicación plena comenzó hace apenas seis años, en 2019, cuando decidió retomar los pinceles con una nueva intensidad tras un largo paréntesis.

Durante la pandemia redescubrió la acuarela creativa, una técnica que transformó su relación con la pintura y la condujo a la abstracción lírica que hoy define su obra. “No parto de ideas preconcebidas —dice—. Cada cuadro nace de la exploración y del diálogo entre la mancha, el color y la emoción”.

Una experiencia sensorial

Su trayectoria reciente ha sido intensa: ha expuesto en más de veinte galerías dentro y fuera de España, entre ellas la Occo Art Gallery, Orfila, UlmacARISA, Michel Menéndez o La Zona Gallery, y representó a España en la Bienal Internacional de Roma 2022. También ha participado en certámenes como el Concurso de Pintura de Majadahonda, donde obtuvo una Mención Especial del Jurado.

En Colmenar Viejo presenta una muestra que, más que un conjunto de cuadros, es una experiencia sensorial. Azules, verdes, magentas y blancos se funden en una danza que parece sugerir el paisaje interior de la artista, siempre en movimiento, siempre abierto a la interpretación del visitante.

Busco emocionar, rodear al espectador de un halo de misterio y ofrecerle la posibilidad de realizar un viaje interior”, afirma Rodríguez. Su lenguaje pictórico, enérgico y conciliador, convierte cada lienzo en una invitación a detenerse y mirar con los ojos del alma.

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